Los padres pueden minimizar el impacto de la publicidad de alimentos chatarra dirigida a niños

El 67% del total de publicidad comidas ricas en grasas saturadas están en la televisión y en Facebook, según un estudio. Expertos explican cómo aminorar el impacto que esto causa en los menores.

La publicidad de grasas saturadas y bebidas azucaras inundan las redes sociales y la televisión. Para aminorar su impacto, los padres actúan a través del impulso más común: dar un sermón de por qué no se deben consumir hamburguesas, gaseosas, entre otros. Sin embargo, a veces la repetición de estas órdenes incrementa el impacto de la publicidad sobre los menores.

En un estudio realizado por Peter Busse y el Instituto de Investigación Científica (IDIC) de la Universidad de Lima se reveló que el 67% de bebidas azucaradas, golosinas y restaurantes de comida rápida están en la televisión y Facebook, dos medios que capturan gran parte de la atención de los niños.  

“Si en el entorno del menor, hay personas que le hablan de que no debe comer esos productos porque ‘lo van a engordar’, ‘no son sanos’ o ‘suben de peso’, eso puede causar mayor impacto que la publicidad. Si el perfil del menor es más rígido, restringirá las comidas, lo cual provocaría anorexia. Los más vulnerables e impulsivos caerían en el acto de comer compulsivamente”, explica la psicóloga de los centros médicos Gaba y Abint, Diana Pacheco.

 

Los alimentos ultra-procesados usualmente son pobres en micronutrientes importantes como el hierro, zinc, calcio, selenio y magnesio. | Fuente: Getty Images

No se puede luchar contra un fenómeno como lo es el bombardeo de propagandas sobre comidas de grasas saturadas cuando este se encuentra en su punto máximo. Por eso, la especialista en tratamientos de desórdenes alimenticios asegura que los mensajes sociales o los de la familia cobran más importancia que la publicidad en sí. El tema debe ser tomado con cautela.  

“A veces uno no cocina en casa y compra pizza, Mcdonalds o Burguer King y eso refuerza un cambio físico que se enlaza con un rechazo en su aspecto corporal. Además, hablar de que se coma o no productos es como si uno empezara a incentivar en los chicos una obsesión por la comida”, explica Pacheco.

Por un lado, los padres deben administrar la distribución de comidas 6 veces al día. El horario en que la familia desayuna, almuerza y cena es una costumbre que forma el hábito alimenticio. Llamar a los niños (o adolescentes) a la mesa, por ejemplo, siempre será un consejo básico.  

Por otro lado, es importante que los padres regulen la frecuencia y cantidad de dinero que les dan a sus hijos. La libertad que se le da a un niño para disponer de su dinero sumado a la publicidad de comidas y bebidas altas en calorías es una razón para que los menores tengan grasas acumuladas en un futuro.

CHATARRA Y OBESIDAD

Los alimentos ultra-procesados usualmente son pobres en micronutrientes importantes como el hierro, zinc, calcio, selenio, magnesio, y además, vitaminas como la B12, que aporta al funcionamiento del sistema nervioso y la sangre. Si un niño consume más de dos veces a la semana algún tipo de dulce ya es un exceso y más si sufre de sobrepeso, obesidad o es sedentario.  

Según la nutricionista Claudia Agüero, el tiempo en que un niño llegue a la obesidad depende de su metabolismo y estado de salud actual. “La ganancia de peso se dará más rápido o no por la acumulación de grasa visceral (localizada en el abdomen), la cual es altamente perjudicial para la salud cardiovascular y el páncreas”, asegura.

La obesidad es una de las causas de la deficiencia de hierro en la sangre y los problemas de crecimiento y desarrollo. “Los alimentos que salen en las publicidades no deben ser considerados un premio para los niños. Un niño sano podría consumirlos de 1 a 2 veces al mes y en ocasiones muy excepcionales, en las que no cuente con otro alimento. Por ejemplo, en casos de desastres naturales o escasez de alimentos”, explica Agüero.

En casa, se deben practicar tareas como limpiar el dormitorio, tender la cama, hacer los deberes académicos, lavar la ropa, entre otros. Si además hay tiempo para ver televisión o jugar videojuegos por un momento entonces es permisible. Lo dañino ocurre cuando se pasan tiempos indefinidos en plataformas como la tv o las redes sociales.