Puedes programar tu cerebro para comer verduras

En el cerebro es donde se define si algo es apetecible o no, porque allí guardamos los conceptos asociados a sabores, olores y colores.

EL cerebro se puede adaptar a algunos hábitos alimenticios.
EL cerebro se puede adaptar a algunos hábitos alimenticios. | Fuente: Getty Images

Si bien cuando comemos, el camino a una experiencia de gusto o disgusto inicia en la boca; es en el cerebro donde se define si algo es apetecible o no, porque allí guardamos los conceptos asociados a sabores, olores y colores. ¿Acaso podemos programarnos para aceptar las verduras?

Ante un mayoritario rechazo a los vegetales frente a la carne, surgen algunas estrategias de la neurociencia. Según expertos de la Universidad de Stanford, un nombre atractivo para la comida saludable, incrementa su consumo.

Otro estudio, publicado en Scientific Reports, halló que el rechazo a las verduras no está relacionada con el sabor, sino con el color. El verde no es la evolución más tentadora, en cambio, el rojo es más atractivo y abre el apetito.

El médico neurólogo Nilton Custodio Capuñay, director médico del Instituto Peruano de Neurociencias (IPN), explica que en realidad no se 'engaña' al cerebro, pero sí se le puede adaptar a algunos hábitos alimenticios.

"Si lo programas a comer verduras y comes otras cosas, o no predicas con el ejemplo, no funciona. Toda la familia debe empezar la dieta. Se puede adaptar el cerebro para cambiar sus gustos habituales, eso tiene que ver con la corteza prefrontal. La saciedad tiene que ver con amígdala del control de las emociones, con hacer despertar el paladar y el gusto. Esto significa el disfrute del comer".

El veganismo no admite el consumo de carnes, lácteos y huevos, por respeto a los animales y al medioambiente.
El veganismo no admite el consumo de carnes, lácteos y huevos, por respeto a los animales y al medioambiente. | Fuente: Getty Images

La estrategia de una presentación apetitosa y con un nombre que llame a probar el plato, son medidas que no tienen un efecto permanente. "Capturan la atención sí, pero no es determinante. El sabor es más importante, porque se asocia a recuerdos y episodios".

Gerardo Berdejo, profesor en la Escuela Vegana de Lima, explica que nuestro país y muchas otras partes del mundo pasan por una fase de ‘transición’ en la que todavía sus platos deben tener nombres al mismo estilo de un restaurante para carnívoros, porque así les suena familiar a los comensales. "No podemos meternos en la cabeza de los demás y ver hasta qué punto pueden aceptar nuevos términos".

Por ejemplo, nos habla de un 'anticucho' hecho a base de trigo. "El sabor es igual porque el aderezo es vegetal". También están otros platos criollos como el 'cau cau' o el 'arroz con pollo' "Sabe 99 % igual, pero reemplazamos una cosa por otra. En lugar de la carne, el sabor lo dan los vegetales, las especias, el aceite y el ají".

Gerardo lleva 10 como vegano, un modo de vida que no admite el consumo de carnes, lácteos y huevos, por respeto a los animales y al medioambiente. En su experiencia, mucha gente rechaza la comida vegana sin siquiera haberla probado, pero luego de la experiencia, muchos quedan sorprendidos. El factor sorpresa funciona.

"Esto es una nueva evolución de la cocina, es hacer todo igual de rico, mucho más potente, con sabores, mucho más nutritiva, mucho más ecológica y barata".

La nutricionista y dietista Sara Abu Sabbah explica que el rechazo a los vegetales se genera cuando al niño no se le enseña a tiempo el apego y la masticación de estos alimentos. "A los 6 meses come papilla, luego machacado, luego partido, y al año de edad ya debe comer de la olla".

La especialista además recomienda comprar siempre una variedad de verduras para asegurar la presencia de la ensalada en la mesa durante todos los días.

Llevar al niño al mercado, para que participe en la elección de los vegetales también ayuda.