Cuando el ego y el poder se juntan, es señal de peligro

Las personas con un ego elevado y que además reciben poder, pueden caer en una situación de ansiedad y de vacío al dejar el cargo. Hay modo de protegerse.

Cuando se tiene poder real, las otras personas lo verán como si lo que dice fuera más verdadero, se verá más valioso, más inteligente.
Cuando se tiene poder real, las otras personas lo verán como si lo que dice fuera más verdadero, se verá más valioso, más inteligente. | Fuente: Getty Images

El ego define a una persona con el autoestima muy elevada, con una visión distorsionada de la realidad, que lo hace sentir superior e incapaz de ponerse en los zapatos de los demás. Quienes ostentan este perfil, muchas veces encuentran en la política un espacio dónde desenvolverse, y donde se sienten como pez en el agua.

Sin embargo, está latente el riesgo de adquirir una 'intoxicación por el poder' o el también llamado el síndrome de hubris, una condición que provoca rasgos de grandiosidad, narcisismo y comportamiento irresponsable.

"Cuando se tiene poder real, las otras personas lo verán como si lo que dice fuera más verdadero, se verá más valioso, más inteligente, más gracioso, más importante. Por ejemplo, a un presidente le van a hacer creer que todo lo que dice es lo correcto", señala el médico psiquiatra Humberto Castillo.

El síndrome de hubris es común en política, porque equivocadamente se asocia el poder y los ascensos a una mayor capacidad, cuando en realidad está más ligado a simpatías y fidelidades.

"Al salir del cargo, entran en una situación de ansiedad, de angustia, de vacío y confusión sobre sí mismos. No se adaptan y quedan como extraviados. Es importante que las personas que están en situación de poder piensen que eso es prestado y temporal".

El comportamiento hubrista con excesiva confianza en sí mismo, es casi un riesgo ocupacional para los jefes de gobierno. | Fuente: Getty Images

El médico y político británico David Owen sustentó en un artículo en la revista Brain, que el comportamiento hubrista con excesiva confianza en sí mismo, es casi un riesgo ocupacional para los jefes de gobierno, al igual que para los líderes de empresas y militares.

"Creen que son capaces de grandes obras, que de ellos se esperan grandes hechos, creen saberlo todo y en todas las circunstancias, y operan más allá de los límites de la moral ordinaria", argumenta Owen según una revisión hecha por la revista Foreign Affairs.
 
Owen, que también es autor del libro En la Enfermedad y el Poder: Enfermedades de los Jefes de Estado Durante los Últimos 100 Años, advierte cambios psicológicos e inestabilidad mental. Pone de ejemplo a líderes como George W. Bush, Tony Blair y Margaret Thatcher.

En nuestro ámbito local tenemos al expresidente Alan García, quien no toma a mal el que le atribuyan un ‘ego colosal’.

"¿Sabe por qué tengo orgullo, por qué tengo un ego colosal? Porque el que tiene un ego colosal no recibe propinitas ni pide plata a nadie. Además, sabe de dónde viene”, dijo orgulloso el exmandatario en una entrevista concedida a RPP Noticias. Con esas palabras se defendía de actos de corrupción que se le atribuyen a su último gobierno.