Cinco recomendaciones para combatir el glaucoma, el enemigo silencioso

Conozca cuáles son esos cinco puntos que debe saber para combatir esta enfermedad, conocida también como “el enemigo silencioso de la visión".

El glaucoma es una enfermedad crónica, como la diabetes o la hipertensión; que generalmente viene asociada a un aumento de la presión del ojo; esto conduce a un daño lento y progresivo del nervio óptico. | Fuente: Getty Images | Fotógrafo: WoodenDinosaur

A pesar de que se hacen muchas campañas de forma periódica sobre el glaucoma, la información que llega a nosotros puede ser un tanto confusa o incompleta. Es importante saber qué es esta enfermedad, qué riesgos puede tener a futuro y cómo evitarla.

El glaucoma es una enfermedad crónica, como la diabetes o la hipertensión; que generalmente viene asociada a un aumento de la presión del ojo; lo que lleva a un daño lento y progresivo del nervio óptico.

Cuando el daño se consuma, el ojo pierde la visión de forma irreversible y se produce la ceguera. Podemos compararlo con un incendio, debemos controlarlo antes que el fuego se propague, pues todo lo que destruye no se puede recuperar, al final; sin embargo, si lo apagamos a tiempo, podemos conservar lo que no alcanzó a destruir. 

Como toda enfermedad crónica necesita tratamiento permanente, controles periódicos y ,en este caso, visitas al oftalmólogo; quien será parte del equipo que cuidará los ojos, los otros integrantes del equipo somos nosotros mismos y nuestra familia.

Como toda enfermedad crónica necesita tratamiento permanente, controles periódicos y visitas al oftalmólogo. | Fuente: Getty Images | Fotógrafo: AndreyPopov

El daño que causa el glaucoma, en sus inicios, es en la parte periférica de la retina, y al no afectarse la visión central, el paciente no tiene síntomas. Con el paso del tiempo y si no recibe el tratamiento oportuno, la enfermedad avanza y empieza a comprometer la visión central. Es en esos casos que el paciente siente limitaciones visuales, por ejemplo, se tropieza con facilidad, hace caer objetos, cruza intempestivamente la calle o puede tener accidentes de transito.

En los casos finales, se pierde la visión total causando ceguera irreversible. Es por eso que se le llama “enemigo silencioso de la visión”. Se entenderá entonces, que no debemos esperar a sentir algún síntoma, pues para entonces la enfermedad ya avanzó demasiado. Se aconseja acudir a consultas anuales, mas aún si tenemos factores de riesgo.

El daño que causa el glaucoma en sus inicios es en la parte periférica de la retina, y al no afectarse la visión central, el paciente no tiene síntomas. | Fuente: Getty Images | Fotógrafo: BM Photography

Si alguna vez nos encuentran presión ocular elevada, debemos controlarnos con mayor frecuencia, pues es el principal factor de riesgo. Otros factores son: la diabetes, la hipertensión, la miopía, padres o hermanos con glaucoma, uso de corticoides por periodos prolongados, etc. En estos casos se recomienda un examen anual para descartar el glaucoma.

El daño que causa el glaucoma en sus inicios es en la parte periférica de la retina, y al no afectarse la visión central, el paciente no tiene síntomas. | Fuente: Getty Images | Fotógrafo: Zerbor

Este es un temor bastante común, pero por fortuna no es cierto; la mayoría de pacientes con glaucoma controlan su enfermedad, y logran mantener una buena calidad de visión durante toda su vida. Algunos casos progresan causando invalidez progresiva y permanente, pero generalmente se trata de aquellos pacientes que se diagnosticaron cuando la enfermedad está muy avanzada, o que por alguna razón no cumplen el tratamiento. La menor cantidad de pacientes progresa a pesar del tratamiento, porque en estos casos se trató de una forma agresiva de la enfermedad.

El daño que causa el glaucoma en sus inicios es en la parte periférica de la retina, y al no afectarse la visión central, el paciente no tiene síntomas. | Fuente: Getty Images | Fotógrafo: kadmy

En cuanto al tratamiento, todas las formas buscan lo mismo: controlar la presión ocular a un valor que detenga la progresión de la enfermedad. Esto se consigue generalmente con el uso de gotas. En algunos casos cuando el paciente por alguna razón no las puede usar, se puede someter a un tratamiento con laser, pero siempre y cuando el médico considere que es candidato al procedimiento.

Si la presión no logra ser controlada con medicamentos (gotas) ni con laser, entonces se recomienda hacer una cirugía filtrante, en la que se busca crear una vía de salida del humor acuoso para que éste no incremente la presión ocular.

Existen diferentes técnicas quirúrgicas que son aplicadas según cada caso. Suelen tener bastante éxito, pero requieren un control muy responsable de parte del paciente. Ningún tratamiento es mejor que otro y ninguno puede recuperar la visión que se perdió; por ello el diagnostico y tratamiento precoz y oportuno son la clave para tener éxito y ganarle a esta enfermedad.

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