Cómo evitar la codicia: aprende a diferenciar entre deseo y necesidad

Es un trastorno mental que distorsiona la realidad y altera la valoración de la persona y de quienes la rodean.

La codicia es socialmente promovida como un valor relacionado al éxito de las personas. | Fuente: Getty Images

Hoy en día vivimos plagados por anuncios que promueven la necesidad de poseer bienes como celulares, joyas, autos, propiedades y observamos que la codicia es socialmente promovida como un valor relacionado al éxito de las personas, sin tomar en cuenta las repercusiones que esta tiene sobre nuestra salud mental.

La codicia es el deseo vehemente de poseer muchas cosas, especialmente riquezas o cosas materiales. No se limita a lo que uno realmente necesita, por lo contrario, sus deseos no tienen límites. La persona codiciosa solo se enfoca en tener cada día más y cree que sólo las posesiones le darán un lugar en el mundo. Según su pensamiento, el individuo que obstenta mayores bienes vale más y nadie puede poseer más bienes materiales que él.

Algunos profesionales de la salud mental, manifiestan que este comportamiento responde a  una distorsión de la realidad, que altera la valoración (afecto) de la propia persona y de las que la rodean. Los trastornos mentales se caracterizan por una combinación de alteraciones del pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás.

Se deben orientar los deseos de nuestros niños hacia atender las necesidades propias y de las demás personas. | Fuente: Getty Images

A partir de la reflexión anterior, si la codicia es un trastorno mental, la pregunta es ¿cómo la evitamos? ¿qué pautas de crianza debemos seguir para evitar la codicia en nuestros hijos?

Aquí algunas recomendaciones:

- Promover la valoración (afecto y valía) de su niño a base de sus propias capacidades y habilidades. Esto promueve la autoconfianza.
- Promover la valoración (afecto y valía) de otras personas, resaltando sus capacidades y habilidades. Esto promueve la empatía y evita el egocentrismo.
- Diferenciar la necesidad y el deseo. Atender las necesidades propias y de las demás personas, deben orientar los deseos de nuestros niños.
- Disfrutar de cada momento, con la mínima inversión económica. Esto promueve la creatividad.
- Orientar a la búsqueda de la felicidad hacia una satisfacción personal y colectiva, no sólo a través de posesiones.

Evitemos la codicia en nuestros niños, comenzando por nosotros mismos. No se puede enseñar lo que no se practica. El disfrute, junto con la satisfacción personal y colectiva son el camino para mantener una buena salud mental.