El empoderamiento femenino y las fantasías sexuales

Algunas mujeres se sienten cohibidas de experimentar una sexualidad plena, por la represión machista que representan algunos esposos.

Si la experiencia sexual de la mujer fue represiva y cargada de emociones negativas, entonces, se inhiben porque se sienten sucias o indebidas. | Fuente: Getty Images

Hace unas semanas acude a mi consultorio una mujer de casi cuarenta años, ella se encontraba muy preocupada por una serie de “pensamientos sexuales” que últimamente estaban rondando por su mente. Cuando se las comentaba a manera de confesionario a sus amigas, ellas señalaban que era algo normal tener esos pensamientos y que su nombre eran “fantasías sexuales”. Esta persona decidió un buen día cumplir una de sus fantasías sexuales más intensas: tener sexo en la azotea de su edificio; y se lo propuso a su esposo. Él tuvo una reacción totalmente agresiva y represiva hacia ella, tildándola de inmoral, de mujerzuela y la obligó a confesar de dónde había sacado tremenda idea; ella se encontraba temerosa y muy dubitativa por lo que pudiera ocurrirle a ella y a la relación con su esposo. Es así, que se acerca para buscar algún tipo de explicación o solución por lo que había pasado en su mente y las consecuencias que produjeron.

Aunque parezca extraño, muchas mujeres aún se sienten cohibidas de experimentar una sexualidad plena, libre de prejuicios y discriminaciones por parte de sus parejas. No fue extraño que cuando comenzamos a conversar sobre su vida sexual, ella narrara muchas prácticas sexuales que hacía como parte de “peticiones especiales de su esposo”; estas peticiones no eran más que fantasías sexuales de su marido y narraba que muchas veces no sentía ella placer al ejecutarlas pero que lo hacía solamente con la finalidad de complacerlo, de “tenerlo bien atendido”, de “hacer lo que toda mujer debería hacer” y etcétera de justificaciones. Él proponía siempre, él llevaba la batuta, él comandaba y ella actuaba sin cuestionar, sumisa. Ahora, cuando fue la mujer quien tuvo la “osadía” de proponer cumplir una fantasía, él se sintió vulnerable, inseguro y temeroso de lo que ella pudo haber imaginado y ser incapaz de decirlo, como el fantasear encuentros sexuales con otras personas.

Una sexualidad positiva, con buenas experiencias, influye en las emociones de la mujer, pues le permite crear más detalles y elaborar fantasías, | Fuente: Getty Images

Todos hemos fantaseado alguna vez en nuestras vidas, no solamente a nivel sexual sino desde el juego cuando éramos niños. Es lo que nos hace diferenciar de los animales. Es la capacidad de utilizar el “como si…” (Fantasear que me pongo una capa roja y corro “como si volara”, “como si fuera superhéroe”). Tenemos un criterio de realidad, sabemos cuándo es parte de la imaginación y cuándo no, o cuándo termina la fantasía y la podemos hacer realidad. Las fantasías sexuales son muchas, son infinitas y no todas nos estimulan de igual forma porque somos personas diversas.

En este caso, el límite lo puso la represión machista personificada en el esposo, pero ¿cuántas mujeres se han sentido identificadas con hechos como estos? ¿Cuántas mujeres viven reprimidas sexualmente? ¿Cuántas mujeres tienen miedo a explorar su cuerpo por temor “al qué dirán”? ¿Cuántas mujeres tienen temor al tipo de mujer en que pueden convertirse?

Hace algunos años tuve la oportunidad de conversar más de una vez con la artista, periodista, psicóloga y terapeuta sexual Mónica Cabrejos, sobre su show “Ni lady ni candy”, basado en su libro “Ni puta ni santa”; no paraba de mencionarme sobre la necesidad e importancia del empoderamiento de la mujer a nivel sexual. Mencionaba que percibía a su show como un espacio donde muchas mujeres se sentían libres, identificadas y además aprendían de sexualidad; hecho que pude comprobar cuando fui a ver la puesta en escena acompañado de mi buen amigo Óscar Barreto, quien salió sorprendido sobre cuánto desconocimiento hay de la sexualidad femenina y cuántos prejuicios y tabúes tienen los hombres hacia el placer de la mujer.

La mujer debe vivir su sexualidad sin sentirse reprimida. | Fuente: Getty Images

Hace unos días pude reunirme con la artista plástica Betty Tamayo, quien como parte de su formación artística viene trabajando el tema del erotismo en la mujer; con ella conversaba sobre autores como Bordieu y Woolf (autora del libro Vagina) y seguíamos en el debate sobre cómo la mujer construye su cuerpo y el goce de su sexualidad sobre la base de lo que los hombres quieren, de lo que a los hombres les da placer y que muchas veces las mujeres tienen tan interiorizadas las ideas machistas que no son capaces de diferenciar cuándo es machismo y cuándo no. Tamayo también me hablaba sobre la necesidad de empoderar a las mujeres en conocer su sexualidad, su cuerpo y que sepan disfrutar sin sentirse reprimidas.

Acudí a mi colega sexóloga colombiana Norma Bejarano para conversar sobre mi idea de escribir del tema de las fantasías y empoderamiento de la mujer. Ella me decía que “las mujeres piensan fantasías rosas porque para el cerebro es más tranquilizador y tenerlo bajo control puede excitar. Son más cargadas de erotismo pero siempre depende de cada cerebro”.

Podemos concluir que una sexualidad positiva, con buenas experiencias, influye en las emociones de la mujer, pues le permite crear más detalles y elaborar fantasías, porque tienen más acceso al hemisferio derecho. El cerebro les ha permitido imaginar más escenas, hacerlas más eróticas con sus adornos, y no sentir culpa por ello. Esto depende de la cultura y la educación.

Si la mujer tiene buenos recuerdos de los encuentros sexuales, esto le permite fantasear y explorar. En cambio, si su experiencia fue represiva, limitante, egoísta y cargada de emociones negativas, entonces, se inhiben porque se sienten sucias o indebidas.

Las fantasías sexuales permiten hacer neurogénesis, es decir, el nacimiento de nuevas neuronas; pues es un proceso amplio de creatividad y hacia los 40 años de edad ayuda a la memoria. Todo ello sería más libre de vivirlo, si la mujer se siente en la capacidad de hablar, averiguar, preguntar, experimentar y de vivir su sexualidad libre de prejuicios. ¡Empoderándose!