El poder de las palabras de los padres

Cuando las palabras de los padres son negativas, pueden provocar serios trastornos de identidad, seguridad y autoestima en los hijos.

Los padres deben ser tolerantes y dejar que los hijos desarrollen su propia personalidad. | Fuente: RPP Noticias | Fotógrafo: Getty Images

La incidencia o el efecto que los padres tienen sobre sus hijos es trascendental, porque constantemente van dejando huellas que los acompañarán en su desarrollo, crecimiento y adultez, formando parte de su persona y de su identidad.

De lo positiva o negativa que sean las huellas que se les deja a los hijos, dependerá tanto el comportamiento, la autoestima, la seguridad personal, sus niveles de tolerancia, como su desenvolvimiento en la vida y la forma como harán frente a los retos que les va tocar vivir.

Por eso es importante que los padres puedan tomar conciencia de esta realidad, y esforzarse para dejar huellas positivas en sus hijos, en todos los aspectos y de diferentes maneras.

Los hijos están en constante desarrollo y en un permanente aprender, lo cual determina en todo momento comportamientos frente a los cuales los padres tienen una participación como modelos, como autoridad, como figuras de afecto o como observadores, pudiendo de este modo tener toda una gama de opciones de intervención. Y las intervenciones que nos interesa entender en este momento, son las verbales que como se dijo anteriormente dejarán una huella importante en los hijos.

Sin embargo, criar a un hijo no es fácil, sugiere una serie de experiencias complejas y repetitivas, donde las cosas no siempre salen bien, donde los hijos por muy bien que los padres hagan las cosas no necesariamente van a tener respuestas como se espera, o les va costar mucho aprender, frenarse, escuchar, corregir, esforzase, incluso pueden tener reacciones complejas como pataletas, rebeldía, oposicionismo, desafío, entre otras. Es en este tipo de situaciones, en las que se pueden propiciar de parte de los padres intervenciones que no dejen una huella positiva, aun cuando las intenciones sean positivas y en búsqueda de mejora.

Se pueden dar situaciones donde la amenaza, la ofensa, los calificativos negativos, los insultos, la desvalorización, el ignorar, el castigo excesivo se hacen presentes, ante la intolerancia, la impotencia, frente a las situaciones complejas, las mismas que llevan a los padres a este tipo reacciones. Sin descartar que tiene que ver también con los niveles de tolerancia de los padres y su propia personalidad. Estas reacciones, son una forma de violencia y maltrato psicológica hacia los hijos.

Cuidado, las palabras de un padre y de una madre tienen poder. Todo lo que los padres le dicen a los hijos son mensajes que llegan a lo más profundo provocando creencias poderosas, y cuando son negativas pueden provocar serios trastornos de identidad, seguridad y autoestima. Deshacerse de estos mensajes puede tomar muchos años, incluso pueden acompañarlos toda la vida.

Hay que considerar que una de las herramientas más importantes en los vínculos, en este caso, entre padres e hijos, es el diálogo en la búsqueda de acuerdo y entendimiento. En tal sentido, el silencio en el momento de la crisis puede ser de gran importancia, como espera a la calma, no como abandono. Una frase corta en el momento de la crisis, que invita a resolver, a ver el problema como una situación de a dos y no como un culpable y una víctima puede facilitar la disposición a resolver y llegar a acuerdos. Y sobre la base de la experiencia de la relación, prevenir es otra alternativa de gran eficacia.