Halloween: Jugar a disfrazarse

El juego es el lenguaje de los niños.

Jugar implica investigar, crear, conocer, divertirse. | Fuente: Getty Images

El juego permite a los niños entrar en contacto con el mundo y tener una serie de experiencias de forma placentera y agradable. Jugar implica investigar, crear, conocer, divertirse, descubrir; les da a los niños oportunidades para desarrollarse física, emocional, intelectual y socialmente.

Importancia del juego. A través del juego, el niño controla su propio cuerpo y coordina sus movimientos, organiza su pensamiento, explora el mundo que lo rodea, exterioriza sus alegrías, miedos y angustias. De manera paralela, va aprendiendo a controlar sus emociones y sentimientos.

Adoptar roles. Cuando el juego le permite al niño adoptar roles, imitar e identificarse con personajes está aprendiendo e interiorizando actitudes, comportamientos, hábitos y estilos sociales. Estos contribuyen sustancialmente en la construcción de su seguridad personal, le permiten autoafirmarse y lo preparan para las futuras relaciones interpersonales que establezca, así como para los retos que le toque enfrentar. Un juego de roles es cumplir un lugar que no solemos desempeñar normalmente. Al ponerse en el lugar de otro, el niño puede entender un poco más, y de una forma más natural, cómo son las otras personas, desarrollando así la capacidad de empatía.

Arma argumentos, historias, muchas veces idea una trama con diferentes tipos de argumentos. | Fuente: Getty Images

Forma de liberación. Cuando un niño se disfraza está jugando a ser un personaje dando rienda suelta a su fantasía, espontaneidad y creatividad. Darle al niño la oportunidad de desarrollar su fantasía es de gran importancia para su desarrollo emocional, de alguna manera lo libera. A través del personaje que representa, logra expresar con tranquilidad sentimientos que, desde su rol de niño o niña, muchas veces le resulta difícil. En este caso el disfraz es el rol a representar.

Más allá del disfraz. La importancia de disfrazarse no solo radica en el momento que lo hace, sino en la experiencia que implica: desde decidir el personaje, donde ya hay todo un proceso de elección concienzuda; hasta el proceso de preparar su disfraz, con la participación de la familia en todos los detalles: atuendo, colores, accesorios, etc. De esta forma los niños aprenden a crear y plasmar en la realidad sus deseos y fantasías, descartando opciones no viables, teniendo pequeñas experiencias donde puede diferenciar la realidad de la fantasía como por ejemplo un disfraz en el que el personaje vuele o se convierta en objetos, etc.

Cuando un niño se disfraza está jugando a ser un personaje dando rienda suelta a su fantasía | Fuente: Getty Images

Dinámica compleja. Resulta entonces una experiencia compartida que puede ser familiar en la que con el apoyo y participación de otros se realiza un trabajo en equipo, se sustentan ideas, se hacen elecciones, se le dan atributos al personaje, se buscan los aditamentos, se juega a cómo va a ser, cómo va actuar este personaje. Toda una dinámica que toma su tiempo, llega a convertirse en un proyecto, donde le niño está aprendiendo de todas estas etapas y enriqueciéndose emocionalmente.

Lenguaje. Arma argumentos, historias, muchas veces idea una trama con diferentes tipos de argumentos, que incluyen reglas, acuerdos, con los cuales se identifica y disfruta. El lenguaje se estimula de modo natural, logrando  fluidez e incrementándose el vocabulario, así como se enriquece la calidad en la expresión de ideas y emociones. Estamos hablando entonces de crear un personaje que puede existir en la realidad como por ejemplo, el médico, el heladero, una figura que existe en la pantalla como Hulk o la princesa Elsa, un personaje inventado por el niño, al que definitivamente el niño le va a dar una personalidad propia.

Cuando el juego le permite al niño adoptar roles, imitar e identificarse con personajes está aprendiendo e interiorizando actitudes | Fuente: Getty Images

A disfrazarse con más frecuencia. El jugar a disfrazarse es una alternativa muy valiosa para el desarrollo emocional del niño, no debiera entonces ser solo una evento en Halloween o en carnaval, sería muy bueno que como parte de sus juegos el niño pudiera contar con diversos elementos como sacos, buzos, corbatas, sombreros, gorros, capas, collares, cinturones etc. los cuales al tenerlos a la mano le puedan permitir “jugar a disfrazarse” y compartir con sus amigos cuando quiera. La posibilidad de este juego como parte de las opciones del niño, es una alternativa muy buena, en una etapa en la que los papas están en la búsqueda de opciones más libres, y naturales, que desarrollen la imaginación y la creatividad.

El disfraz y las habilidades cognitivas. La experiencia de jugar a disfrazarse permite al niño usar todo su cuerpo, le permite controlar sus movimientos estimulando la madurez psicomotriz. Y el contacto con diversos materiales pone en juego el uso de sus percepciones las mismas que permiten desarrollar habilidades sensoriales mediante la discriminación de formas, tamaños, colores y texturas. De este modo es importante que sea él niño quien arme su personaje, más que el adulto le ofrezca uno armado pues se acortarían pasos importantes que limitarían las opciones que se dan en el proceso. Además parte del valor del “jugar a disfrazarse” es que el niño vaya construyendo su identificación con el personaje y el juego simbólico que va a representar.

A través del juego, el niño controla su propio cuerpo y coordina sus movimientos. | Fuente: Getty Images

Juego socializador. Cuando un niño se disfraza usualmente comparte con otros niños, es un juego socializador, de cooperación, que implica respetar turnos, resolver situaciones problema, negociar: habilidades importantes que le servirán para muchas situaciones en el futuro. “Cuando un niño se disfraza juega y se transporta al mundo de la fantasía”.