La desobediencia no es un problema solo de los hijos

Los padres deben tener estilos de crianza coordinados, que se apoyen uno al otro y así motivar a los hijos.

La experiencia prueba que los hijos desobedientes han tenido un patrón similar a través del tiempo en las diferentes etapas de desarrollo. | Fuente: Getty Images

“Le digo a mi hijo las cosas mil veces y no me obedece”

“Si le dices a tu hijo las cosas mil veces, no lo sigas haciendo, no te va a obedecer porque se lo digas mil un veces, lo que estás haciendo no está dando resultado, tienes que analizar que pasa, ver dónde está el problema y hacer cambios”.

La desobediencia puede tener muchas causas. Puede originarse por problemas del niño o adolescente que es necesario entender, relacionadas a su carácter,  problemas en el colegio, con sus amigos, el grupo o la relación con los padres.

Suele ser frecuente que los estilos de comunicación no sean los mejores, poco diálogo, comunicación sólo para dar instrucciones, mucha crítica, expectativas no razonables de los padres o de los hijos, autoritarismo o exceso de tolerancia,  malos modelos que el hijo imita.

Es importante que los padres estén muy coordinados, que se apoyen uno al otro y hagan un análisis de su accionar como padres, para luego analizar a los hijos. | Fuente: Getty Images

La experiencia, prueba que los hijos desobedientes han tenido un patrón similar a través del tiempo en las diferentes etapas de desarrollo, en algunos casos incluso desde los primeros años.

Con características como terquedad, poca escucha pudiendo llegar a la confrontación, desafío y oposicionismo en diversos grados. Se aprecia igualmente, que son conflictos que no han sido resueltos y han permanecido en el tiempo o se han agravado.

Evidenciándose conflicto con las figuras de autoridad, en relación a normas, reglas,  y toman fuerza sobre todo en la casa, pero lamentablemente van a irradiar en otros contextos.

Entonces nos damos cuenta, que no es un problema sólo de los hijos, sino también de los padres, es un problema de la familia, de caracteres de sus miembros, de estilos de comunicación, de la crianza y el manejo de los límites y la autoridad.

Los padres deben conversar y buscar la toma de conciencia a través del diálogo y el acuerdo con los hijos. | Fuente: Getty Images

Son problemas que hay que frenarlos y corregirlos, no se van a solucionar solos, es más con el tiempo se vuelven más complejos, y son parte de la persona, en la medida que los hijos están perfilando su personalidad con cada vivencia.

Hay que entender cómo se forjan, de qué dependen, qué los sostiene, quiénes son parte del problema, qué hay que cambiar.

Es importante que los padres estén muy coordinados, que se apoyen uno al otro y hagan un análisis de su accionar como padres, para luego analizar a los hijos. Usualmente, el problema se inicia en los padres y en los estilos de crianza.

Cuando se tengan claras las cosas, hay que hacer una toma de conciencia de lo que los padres tienen que cambiar, y sería ideal hacer un plan de mejora.

Es importante que los padres estén muy coordinados, que se apoyen uno al otro y hagan un análisis de su accionar como padres | Fuente: Getty Images

Con el hijo, hay que conversar y buscar la toma de conciencia también a través del diálogo y el acuerdo, no desde la crítica, con análisis de ejemplos reales. Hacer un compromiso, así como una revisión progresiva de los logros con mucha apertura y disposición.

Si se van dando cambios positivos, es importante igualmente tener claridad  del porque se están dando, reforzarlos, motivar a los hijos, conversar sobre los logros. No detenerse solo con una mejora, buscar un avance global.

En caso de no lograr cambios en un tiempo razonable, es importante considerar la necesidad de ayuda profesional.