Las habilidades que desarrollan los niños que leen

Los niños crecen en todos los sentidos con la lectura. Hay algunas estrategias para convertirla en un hábito.

La lectura mejora la capacidad de escucha, la atención y la concentración. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

Los primeros años de vida son de gran importancia para el desarrollo de temas madurativos de orden cognitivo y procesos mentales que posibilitan los aprendizajes. Una de las actividades prácticas que el niño tiene que desarrollar, de gran importancia, es la lectura.
 
Si el niño es pequeño y no sabe aún leer, una buena iniciativa es que se le lea. Esta actividad permite un espacio donde se vincula de un modo muy saludable con la persona que le lee, siendo ideal que puedan ser los padres para poder compartir, comentar, jugar.

Además, mejora la capacidad de escucha, la atención y la concentración. Incrementa el vocabulario permitiéndoles ampliar su capacidad de expresión oral. También permite la práctica de la memoria, ya que el niño aprende el cuento o la historia y no solo va recordar si no que puede contar, desarrollando la imaginación, y la habilidad de abstracción a través del manejo de la información y la trama de lo que se lee.

Leerles a los hijos una opción que permite fortalecer el vínculo, compartir, comentar y jugar. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

Si el niño sabe leer, esta práctica adicionalmente le permitirá el mejoramiento de la expresión escrita, la organización de las ideas y el explayarse en sus descripciones; todo ello posibilita el salir de lo literal del texto para alcanzar el análisis, la opinión, la crítica y motiva grandemente la creatividad.

Todas estas habilidades son de gran importancia y posibilitan futuros aprendizajes.

El niño que lee, madura, aprende y desarrolla su creatividad. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

La lectura favorece, además, el desarrollo afectivo y psicológico en los niños: les da la oportunidad, a través de los relatos que escuchan, de experimentar sensaciones y sentimientos con los que disfrutan, maduran y aprenden. A su vez, este hábito puede brindar experiencias no reales, las cuales por un momento les permiten vivir diferentes situaciones, experimentándolas y enriqueciéndose de ellas. Ríen, sueñan, se imaginan a sí mismos como parte de esas vivencias gracias a su gran imaginación y creatividad. De esta forma crecen y se desarrollan emocionalmente; y si comparten estas actividades con los padres refuerzan el vínculo con ellos.

En definitiva, los niños crecen en todos los sentidos con la lectura. Convertirla en un hábito necesita una gran motivación y esto se inicia en el hogar, siendo mejor si se inicia y fomenta en los primeros años.