Los miedos y dudas de los niños que dejan los desastres naturales

Analicemos los efectos postraumáticos que dejan los estragos de la naturaleza, a partir de algunas vivencias de niños de entre 6 y 10 años.

Cuando se habla con los hijos no hay que quedarse en los hechos en sí, en lo concreto, sino profundizar en su sentir. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

Tengo la gran oportunidad de conversar con niños y adolescentes en estos días, y en la mayoría de casos me doy cuenta de que ellos tienen muy presente los hechos que están sucediendo en nuestro país. No es de extrañar, pues se cuenta con mucha información cierta, bastante precisa de algunos sucesos y con muchos detalles visuales de los hechos en sí. Saben que hay lluvias, huaicos, inundaciones, casas que se derrumban, personas que pierden sus cosas y “se quedan sin nada”, personas que han muerto.

En algunos casos pude darme cuenta de que esta información proviene de los medios de comunicación y las redes sociales; en otros casos es claro que hay comunicación entre padres e hijos, ya que la información que dan está adecuada en gran medida a su entendimiento.

Sin embargo, también he podido percatarme de que los niños y adolescentes hablan mucho más de lo que han visto: de imágenes, escenas sumamente fuertes, testimonios, los mismos que cuentan en detalle los hechos en sí y exponen con gran fuerza el sentir de las personas afectadas. Dichos testimonios entrañan una serie de sentimientos y emociones que llegan a aflorar en sus relatos, comentarios y preguntas, que en algunos casos están provocando temores, miedos y angustias.

Comparto con ustedes algunas de las cosas que dicen y preguntan estos niños:

En relación a hechos físicos:
•    ¿A dónde se va ir el agua que está acumulada?
•    Si siguen habiendo huaicos, ¿podemos quedarnos sin cerros?
•    ¿Los ríos van a seguir siendo “gordos”?
•    Las calles por donde pasa el huaico, ¿ahora van a ser ríos?
•    ¿Cuánto tiempo más va llover? ¿Siempre va llover así?
•    ¿Todas las ciudades están así?
•    ¿Puede desaparecer una ciudad?

En relación a cosas materiales:
•    Las cosas que están tapadas con el agua, ¿se van a secar y van a estar bien? Si no, la familia se queda sin cosas, ¿cómo van a hacer?
•    Las familias que se quedaron sin cosas, ¿cómo van a hacer para comprar todo de nuevo?
•    Y si en tu casa tenías cosas importantes, ¿de todas maneras las van a recuperar?
•    ¿Cómo va hacer cada familia para sacar toda el agua y el barro y para que no se malogren sus cosas?

En relación a los cambios que se van dando y los que se pueden dar:
•    Hasta ahora no entiendo, por qué yo no tengo clases si en mi colegio no ha habido huaico
•    Si un papá tiene que ayudar a su familia y no va a trabajar, ¿lo van a botar del trabajo?
•    El huaico puede haber tapado un trabajo, ¿dónde van a trabajar esos papás?

El dibujo de un niño con miedos e inquietudes por los desastres naturales que acontecen en el país. | Fuente: RPP | Fotógrafo: María Julia Cárdenas

En relación a temas familiares y de unidad entre los miembros:
•    Si rescatan a un niño, ¿lo separan de sus papás? ¿Qué pasa si después no se vuelven a encontrar? ¿Qué pasa si los llevan a lugares diferentes?
•    ¿Qué pasa si a un niño lo llevan a una ciudad y al hermano a otra? ¿Quién se encarga de juntarlos? ¿Cómo se dan cuenta dónde está su familia?
•    Si rescatan a una mascota, ¿cómo hacen para que se encuentre con su familia?
•    “Yo estaba muy tranquilo, en verdad no me importaba, pero cuando vi a mi mamá muy nerviosa me dio mucho miedo”.
•    “No quiero ir al colegio, de repente hay lluvias y huaicos y no podré regresar a mi casa”.

En relación a sus fantasías y temores:
•    “Soñé que el huaico llegó a mi casa”.
•    “Tengo mucho miedo de que el huaico me lleve”.
•    “Yo pensé que esas cosas sucedían muy lejos y cuando me di cuenta que era muy cerca me asusté mucho”.
•    “Me he sentido muy mal, muy apenado”.
•    “No quiero ir al colegio, me da miedo que haya un huaico”.
•    “Si no siento nada, ¿es porque soy malo?”

Me quedan muchas inquietudes y reflexiones.

Los niños y adolescentes no solo necesitan información clara y certera de lo que está sucediendo en nuestro país, sino que además es importante absolver todas sus inquietudes, y de ser posible entrar a detalles -aspectos que para nosotros pueden ser obvios o muy simples, para ellos es totalmente nuevo.

Cuando se habla con los hijos no hay que quedarse en los hechos en sí, en lo concreto, sino profundizar en su sentir, en las emociones que se despiertan de esos hechos.

Nuestras explicaciones pueden responder algunas preguntas de nuestros hijos, pero a la vez pueden abrir otras inquietudes, a las cuales debemos estar alertas, escucharlas, preguntar más, validar sus inquietudes y absolverlas a la par de calmarlos.

La lógica de los chicos no es la misma que la de los adultos, lo que nosotros entendemos de un modo, los niños no necesariamente lo entienden igual.

Definitivamente lo que se ve en los medios de comunicación y en las redes sociales no está hecho para niños y adolescentes -no puede ser visto todo por ellos-, lo que a criterio se les muestra debe ser con supervisión y acompañamiento para darles todas las explicaciones posibles y necesarias.

Los padres deben estar alerta a los cambios en el estado de ánimo y reacciones de sus hijos. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

Las situaciones experimentadas al ser tan fuertes e impactantes pueden producir traumas complejos con consecuencias psicológicas, vinculados al grado de exposición que se ha vivido, desde estar en las zonas de desastre natural hasta ser un espectador desde la pantalla, el audio o el relato.

La forma de actuar de los adultos, el modo cómo manejan sus propias emociones, va permitir contener a los hijos, y les va a facilitar la elaboración de las experiencias vividas desde los niveles más concretos hasta otros más profundos a nivel emocional.

Los niños y adolescentes están en proceso constante de crecimiento y desarrollo, construyendo y consolidando activamente su identidad y personalidad. Y al estar expuestos constantemente a experiencias de desastres naturales tan intensas, nuevas e imprevistas en estos días, pueden generarles estrés y daño emocional, pero a la vez bien manejados por los padres pueden ser una oportunidad de crecimiento y fortalecimiento personal, que los preparará para muchas situaciones difíciles que les puede tocar vivir.

Hay que observar a nuestros hijos, conversar con ellos, estar muy atentos a sus preguntas, reacciones, cambios en su estado de ánimo, cambios en sus rutinas. No solo en los casos en que han estado en los lugares del desastre han sufrido efectos psicológicos, sino también todos los que han tenido información y han seguido los hechos por diferentes medios.