Mi mamá me mima: entre la expectativa y la realidad

Debemos comprender que ellas son personas, que piensan, sienten, sueñan, luchan, sufren, disfrutan y demás, como cualquiera de nosotros(as).

No hay una sola forma de ser mamá. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images
ada segundo domingo de mayo celebramos el Día de la Madre, por ello consideramos brindar algunas reflexiones y consejos sobre lo que implica ser madre, así como las expectativas y realidades sobre serlo. Entendemos que mamá es una de las primeras personas con las que el bebé construye una relación, la cual formará parte de su conformación como ser humano.

La palabra “madre” tiene una larga trayectoria y su composición fonológica es compartida por muchas lenguas, inclusive la palabra “pachamama” existía en el incario mucho antes de la llegada de los españoles. Los estudios sobre esta palabra remiten que “ma” es la primera sílaba articulada por los bebés, por ello, las diferentes culturas la utilizan para organizar la palabra “madre". El el bebé dice mamá no por su relación con ella, sino porque sus cuerdas vocales se lo permiten. 

Pero, ¿qué significa para nosotros “mamá”? Para muchas personas significa cuidado, ternura y sacrificio; esto puede estar relacionado al rol que asume la madre, y al refuerzo de la escuela cuando aprendemos a escribir “mi mamá me mima”. 

¿Qué pasa cuando mi mamá no me mima? ¿Qué pasa cuando mi mamá me disciplina, corrige, orienta y protege? ¿Cómo definimos a nuestras madres? A partir de ello, la expectativa y la realidad pueden entrar en conflicto.

Para armonizar la expectativa y la realidad de lo que implica ser madre, debemos comprender que ellas en primera instancia son personas, que piensan, sienten, sueñan, luchan, sufren, disfrutan y demás, como cualquiera de nosotros(as). No hay una sola forma de ser mamá, sino muchas formas de serlo, lo que dependerá de sus condiciones y experiencias de vida.

El mejor regalo por el Día de la Madre que podríamos brindarle es conocer, comprender y aceptar a esa mujer construida en su historia, la cual se encuentra grabada en su piel y en su memoria. Regalemos un oído para escuchar, una boca para elogiar y una mano para acariciar.