Placentofagia: comerse la placenta luego del parto, ¿sí o no?

Los nutrientes y hormonas que podrían obtenerse de la placenta, también se encuentran en otros alimentos y suplementos.

En general, la placenta se consume cruda, cocida, disecada o en cápsulas. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

En las últimas semanas he recibido muchas consultas de pacientes interesadas en saber si es recomendable comerse la placenta luego del parto. La mayoría de ellas ha recibido información sobre que eso ayuda a evitar la depresión postparto, reduce el dolor, mejora la producción de leche, entre otros beneficios. Sin embargo, una mayoría siente que le da un poco de asco hacerlo.

¿De dónde salió esta idea? Prácticamente todos los mamíferos, salvo los humanos, comen su placenta. Lo hacen por dos motivos principales: para ocultar el rastro (visual y olfatorio) del nacimiento de los cachorros (protegiéndolos de los depredadores) y para obtener los nutrientes de la placenta. Además de los nutrientes, este órgano fundamental en el embarazo tiene una serie de hormonas que pueden favorecer a la madre, tanto para disminuir el dolor postparto como para la producción de leche.

Sin embargo, para que haya una concentración hormonal razonable y se produzca el efecto que ocurre en el reino animal, la placenta debería ser ingerida tal como lo hacen los otros mamíferos  completa y apenas nace el bebé. Si se va a ingerir en cápsulas o trocitos durante semanas, entonces las concentraciones de las hormonas son mínimas y no producen ningún efecto.  

La placenta constituye la conexión vital del bebé con la madre, durante la gestación. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

¿Cómo se puede consumir? En general puede ser cruda, cocida, disecada o en cápsulas. Cuando se toman las cápsulas en las cantidades que se recomiendan, uno encuentra en ellas, cantidades bajas (la cuarta parte de las necesidades diarias de la madre) de compuestos que son muy necesarios para el organismo, tales como fierro, cobre, selenio y zinc.

Lo malo es que también se encuentran sustancias que son venenos, como el arsénico, el cadmio, el plomo, el mercurio, entre otros.  

Y, si se come cruda, existe el peligro de que tenga diversos tipos de virus y/o bacterias que pueden enfermarnos. Quizá hubo infecciones dentro del útero que hayan afectado la placenta o pudo contaminarse durante el tiempo que estuvo fuera antes de ser consumida.

¿Es peligroso? Si uno toma los cuidados del caso no debería serlo. Si no ha habido infección intrauterina, si se congelan los trozos y se cocinan antes de comer, no debería haber riesgos importantes.  

Si se mandan a hacer pastillas con el material disecado de la placenta tampoco debería haber riesgos. Sin embargo, no hay ningún tipo de control sanitario sobre este producto, así que la mamá tiene que confiar que el polvo que le dan en la cápsula sea realmente de placenta, y que esta sea la suya.

Los nutrientes y hormonas que podrían obtenerse de la placenta, se encuentran en otros alimentos y suplementos. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

¿Hay beneficios? No hay ningún trabajo serio que demuestre beneficios importantes al comer pedazos de placenta, y no hay ningún nutriente u hormona que la placenta otorgue y que no podamos darle a la madre de otra manera más acorde a sus requerimientos y en dosis exactas.  
Recuerden que los animales comen la placenta íntegra al momento del parto, la idea de hacer pastillas o comer pedacitos durante varias semanas no tiene nada que ver con lo que ocurre en la naturaleza.  

Conclusión. Si quiere comer su placenta, puede hacerlo, solo tenga en cuenta que debe mantenerla cortada y congelada, y cada trozo que consuma debe estar cocinado.  

Si no le provoca, pero pensaba que era bueno para usted y su bebé, relájese y olvídese del asunto. Todo los nutrientes y hormonas que podría obtener de la placenta, puede obtenerlos de otros lados, con comidas y/o suplementos que le sean más agradables.