Pruebas a las que debe someterse una pareja infértil

Se deben hacer diversos estudios para poder llegar a un diagnóstico y a los posibles tratamientos.

Lo que impide el embarazo puede deberse tanto al hombre como a la mujer, y mediar una larga lista de factores. | Fuente: Getty Images

Cuando una pareja considera que tiene problemas de fertilidad y decide acudir al médico, tiene que saber que usualmente va a enfrentar no una consulta que resuelva el problema, sino un proceso que puede ser, a veces, largo y costoso y que no siempre garantiza el éxito.  

Lo que impide el embarazo puede deberse tanto al hombre como a la mujer, y mediar una larga lista de factores.

Algunas veces el problema es simple de resolver, hay pacientes cuyas parejas viajan constantemente, así que las relaciones sexuales son ocasionales y usualmente no coinciden con los días próximos a la ovulación (tiempo en que la mujer es más fértil y tiene más posibilidades de quedar embarazada). En estos casos basta con enseñarles cuáles son esos días de mayor probabilidad de quedar embarazada para programar las relaciones en esas fechas.   

Sin embargo, la mayoría de veces las cosas no son así de fáciles, y hay que hacer diversos estudios para poder llegar a un diagnóstico y a los posibles tratamientos.

Estudios en el hombre

Como dijimos en el artículo anterior, aproximadamente una tercera parte de las veces el hombre va a presentar algún problema, por lo que debe ser parte siempre de la consulta y de los estudios.   Así sepamos que la mujer tiene un diagnóstico de infertilidad, igual debemos estudiar al hombre.  

La prueba más común es el espermatograma, un estudio en el cual, luego de un periodo de abstinencia determinado por el médico tratante, que va de 3 a 7 días, el varón entrega una muestra de semen obtenida por masturbación para que se puedan estudiar sus características.

En el laboratorio se ven, entre otras cosas, el volumen eyaculado, la concentración de espermatozoides por centímetro cúbico, y muchas de las características de los espermatozoides. Por ejemplo, qué porcentaje son normales o anormales, qué tanta movilidad tienen, y si esa movilidad es lineal o si da vueltas en círculos, etc.  

En casos donde se requiera mayor investigación del hombre, se pueden pedir análisis hormonales,  análisis genéticos, biopsias de testículo, pruebas de imágenes (ecografías, resonancias, etc.), todo de acuerdo a la necesidad y al criterio del médico tratante.

Estudios en la mujer

Son muchos los estudios que se pueden hacer en la mujer, la idea es empezar por los más fáciles, los más económicos y poco agresivos, para luego -si es necesario- ir pasando a los de mayor complejidad.  

Lo primero es, como siempre en medicina, una buena historia clínica. Debemos preguntar sobre los factores que podrían estar influyendo en el problema, tales como infecciones anteriores, cirugías previas, como son sus reglas (si vienen todos los meses o si hay atrasos, si vienen en cantidad normal o abundante, etc.), sus relaciones sexuales, si tiene mucho estrés en su vida (puede ser físico o mental), problemas de alimentación, de sueño, si ya ha tenido embarazos y cómo le fue, el uso de sustancias dañinas, la exposición a agentes como la radiación, químicos, etc.

Lo primero es, como siempre en medicina, una buena historia clínica. | Fuente: Getty Images

Luego pasamos al examen clínico ginecológico, donde tenemos que evaluar una serie de cosas: ¿La paciente tiene un peso adecuado? ¿Tiene señales de problemas hormonales como exceso de acné o vellosidad anormal? ¿Tiene algún tipo de infección que pudiera estar alterando su fertilidad? ¿Hay dolor en el examen? ¿Hay anormalidades en el tamaño, consistencia o superficie del útero? ¿Y en los ovarios?

Cualquier cosa que encontremos debe ser investigada a fondo. Por ejemplo, si vemos que hay dolor, hay que hacer una serie de preguntas, tales como: ¿Este dolor es solo cuando hacemos el examen? ¿Cuándo comenzó? ¿Ha ido aumentando en el tiempo? ¿Qué intensidad tiene? ¿Hay movimientos o acciones que disparen el dolor? ¿Aumenta con la regla o con las relaciones sexuales? ¿El dolor se queda en un solo sitio o se irradia a otra parte? Y muchas otras preguntas que nos ayuden a identificar el posible origen.   

¿Qué sigue?

En general, se piden análisis de laboratorio, que nos sirven para determinar cómo están los valores hormonales de la paciente y poder saber si está ovulando o no. Con pruebas de laboratorio combinadas con ecografía, podemos conocer la llamada “reserva ovárica”, que nos da una idea de la capacidad que tiene la paciente de producir óvulos.  

Pero el laboratorio es solo una parte de lo que necesitamos, porque no basta con ovular para salir encinta. Se deben usar métodos de imagen para saber si los órganos pélvicos no tienen alteraciones que impidan el embarazo.

El útero puede tener tabiques en su interior, fibromas, pólipos, puede haber quistes en el ovario, endometriosis, adenomiosis, y una serie larga de enfermedades. El método ideal para investigar todo esto es la ecografía transvaginal. Da imágenes excelentes, es económica y la encontramos en casi todos los servicios de ginecología.

Además de la ecografía tradicional, hoy en día tenemos una serie de mejoras que nos permiten obtener imágenes más detalladas o información adicional. Está la ecografía 3D, el doppler y sobre todo la histerosonografía, que es una ecografía en la que el médico inyecta una pequeña cantidad de líquido dentro de la cavidad uterina y esto hace que la imagen mejore muchísimo, permitiendo detectar con claridad, pólipos, fibromas, tabiques o cualquier otra patología que afecte la cavidad e impida o dificulte el embarazo.

 Otra causa común de infertilidad es que las trompas estén bloqueadas. Para descartar esta posibilidad, el examen más importante es la histerosalpingografía, una prueba de ‘rayos x’ que inyecta contraste a través del cuello del útero y se toman placas a la pelvis para ver cómo ese contraste llena el interior del útero y atraviesa las trompas, asegurándonos con eso su permeabilidad.

Como en el caso del varón, a veces también son necesarias las pruebas genéticas.Con cada vez mayor frecuencia hacemos uso de una técnica mínimamente invasiva que nos permite descubrir y tratar muchas patologías que antes se nos escapaban: estamos hablando de la endoscopía.    

La endoscopía en ginecología la podemos dividir en dos segmentos principales: la histeroscopía, que es entrar con la cámara al interior del útero a través de la vagina; y la laparoscopía, que es entrar a la pelvis a través de la pared abdominal. Ambos procedimientos se usan tanto para el diagnóstico como para el tratamiento de diversas patologías.

La pareja que va a buscar consejo por un problema de infertilidad debe saber, pues, que el proceso de diagnóstico no siempre es simple ni rápido. La mayoría de exámenes y pruebas no pueden hacerse en cualquier momento del ciclo menstrual, sino en periodos determinados.  Por eso, se realizan en el transcurso de varios meses.

Las parejas que inician estos estudios deben estar enteradas de esto y tener paciencia, porque sin un buen diagnóstico no tendrán un tratamiento efectivo. La buena noticia es que la gran mayoría de parejas finalmente tienen éxito y terminan con su bebé en casa.