Qué define la madurez emocional

Una persona inmadura tiene baja tolerancia a la frustración y odia los cambios inesperados, entre otros rasgos que están bien definidos.

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La personalidad inmadura puede estar presente en adultos que a pesar de haber cumplido una edad determinada siguen teniendo comportamientos de impulsividad propios de etapas anteriores. Es decir, existe una distancia de comportamiento entre la edad cronológica y la actitud mental del protagonista en relación con otras personas de la misma etapa vital. Esto hace que la persona proyecte en muchos momentos comportamientos infantiles.

Una de las principales características de una persona inmadura emocionalmente es la falta de autocrítica en sus acciones, teniendo además falta de empatía con los demás, puesto que en muchas ocasiones algunas de esas acciones también pueden afectar a terceros.

Uno de los puntos más débiles de una persona con personalidad inmadura es su baja tolerancia a la frustración, el deseo del placer inmediato, de la consecución de los propios derechos personales y con escasa capacidad para postergar y reflexionar antes de actuar.

Este estilo de vida conduce a una posición existencial en la que existe una clara tendencia hacia un ego desmedido, ya que vive pendiente en todo momento de sus propios deseos, vive en el plano del yo. Una de las características de la personalidad inmadura es que esta inestabilidad se refleja a nivel emocional. El protagonista puede cambiar de estado con facilidad, pasando del humor al llanto. Es decir, tiene poco control de sus emociones.

Este tipo de personalidad tiene baja tolerancia a la frustración, odia los cambios inesperados, porque rompen con sus expectativas. La persona experimenta una gran energía negativa en este tipo de circunstancia. Son personas impacientes que rechazan los cambios, porque los viven como una amenaza a su propia libertad. Una libertad entendida en la forma de actitudes caprichosas.

Otra característica de la personalidad inmadura es que les cuesta hacerse responsable de las consecuencias de sus actos, hasta el punto de llegar a recurrir a la mentira o la manipulación para justificar actitudes propias. Otro comportamiento habitual es el de culpar a terceros en lugar de asumir el peso de una acción.

Las personas con este tipo de personalidad tienen problemas en sus relaciones interpersonales puesto que tienden a defraudar las expectativas que los seres queridos cercanos depositan en ellas. Pero además, les cuesta comprender cómo hacen sentir a los demás cuando, por ejemplo, prometen algo que no cumplen. Este gesto también es propio de una personalidad inmadura.

En el plano de la relación de pareja, cuando una persona tiene un perfil de estas características, tiene muchas posibilidades de establecer un rol afectivo en el que la pareja se comporta más como padre o madre. Alguien con inmadurez emocional parece no avanzar de un modo visible hacia actitudes de mayor responsabilidad a pesar del paso del tiempo. Sin embargo, en algún momento puede sentir que se ha quedado estancada al observar cómo cambia la vida de su entorno más cercano.