Todo lo que debe saber una mujer sobre quistes ováricos

Los quistes de ovario pueden producirse en cualquier momento de la vida de la mujer, desde antes de nacer hasta que es una anciana.

Los quistes pueden ser benignos o malignos (cáncer). | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

Los ovarios son órganos donde con frecuencia se ven quistes, los cuales pueden producirse en cualquier momento de la vida de la mujer, desde antes de nacer hasta que es una anciana. ¡Sí, leyó bien! Un bebé de sexo femenino que esté en el periodo fetal, en el vientre de su mamá, ya puede tener un quiste de ovario.

Los  quistes de ovario son formaciones que tienen componente líquido en su interior, que puede ser de varios tipos: sangre, pus, contenido seroso, grasa, etc. También pueden ser puramente líquidos o mixtos. Las partes sólidas pueden ser (quistes dermoides) conformadas por otros tejidos, como pelos y dientes.  

Los quistes pueden ser benignos o malignos (cáncer). Y entre los benignos tenemos los llamados “funcionales” y los “tumorales”.
Los “funcionales” son esos que pueden aparecer en corto tiempo y usualmente no requieren tratamiento, ya que la mayoría de veces se reabsorben y desaparecen solos.   

¿Por qué se forman? En la primera parte del ciclo menstrual de la mujer, en esas primeras dos semanas que inician al venir la regla, se va formando un folículo en la superficie del ovario. Es como un pequeño globo con líquido que usualmente a mitad de ciclo se rompe para permitir la salida del óvulo, y esto es lo que se llama “ovulación “.

Usualmente no hay necesidad de operar un quiste, pero hay que estar pendiente si aparece un dolor pélvico intenso y repentino. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

Hay casos en que no se rompe el folículo, no se produce la ovulación, y más bien el pequeño “globo” del que hablábamos sigue creciendo y llenándose, formando lo que se llama un “quiste folicular”. También podría pasar que al ovular, el folículo (el “globo”) no se vacíe y más bien se llene de líquido y restos celulares (se llamaría quiste luteínico) o de sangre (ahí se llamaría quiste hemorrágico).  

Si bien usualmente estos quistes no necesitan tratamiento y se van reabsorbiendo con el tiempo, pueden a veces dar problemas, dependiendo sobre todo del tamaño que tengan. Si son grandes podrían sufrir torsión, es decir, que se den vuelta sobre sí mismos, lo que corta el riego sanguíneo y lleva a una urgencia médica y necesidad de operar. Lo otro que puede pasar es que el quiste se rompa y ocasione un  sangrado interno que igual motive una cirugía de emergencia.

Por suerte, estos casos se pueden operar por laparoscopía y los resultados son excelentes. La paciente usualmente sale de alta al día siguiente.  
La señal de que puede estar habiendo un problema es casi siempre el dolor. Cuanto más intenso y repentino sea, mayor el cuidado que hay que tener. El diagnóstico para saber si hay un quiste es usualmente hecho por ecografía, y la doppler nos indica si hay torsión del mismo.   

Resumiendo: cuando un quiste parece funcional, podemos esperar y evaluarlo luego de un tiempo para ver si desaparece o disminuye solo. Usualmente no hay necesidad de operar, pero hay que estar pendiente de la aparición de dolor pélvico, sobre todo si es intenso y repentino, avisar al médico inmediatamente.  

Sobre los quistes tumorales (los “no funcionales”) hablaremos en un próximo artículo, donde también les contaremos cuáles son las cosas que nos ayudan a diferenciar un quiste benigno de un cáncer.