Hormonas en la menopausia: ¿sí o no?

Se debe evaluar la historia y condición médica de la paciente así como sus antecedentes familiares antes de iniciar cualquier terapia hormonal.

Deben recibir la terapia aquellas mujeres que la necesiten, ya sea por problemas de bochornos muy intensos, depresión, cefaleas, etc. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

A mediados del siglo pasado los estrógenos conjugados equinos eran considerados una especie de panacea. Se decía que por fin se había encontrado una medicina que retardaba el proceso de envejecimiento en la mujer y que “todas debían tomarlos durante toda la vida” una vez que llegasen a la menopausia.

Sin embargo, en los años setentas se vio que estos medicamentos podían inducir cáncer de endometrio (útero) en las pacientes que los tomaban, y se inició un periodo de miedo en que se pensaba que “nadie debería tomarlas“. Pasados unos años se descubrió que si se asociaban progestágenos (otra hormona que crea un balance a los estrógenos en el endometrio) al tratamiento con estrógenos, se podía proteger a la paciente y que ya no tuviera riesgo de hacer el cáncer de endometrio. Entonces salieron infinidad de protocolos usando diversos tipos de progestinas y variando los tiempos, frecuencias y dosis, todos buscando darles mayor protección y comodidad a las pacientes.

El péndulo nuevamente se inclinó por el uso de hormonas y la concebida frase de “tratamiento a todas y por siempre” volvió a estar de moda.  

Esto siguió así hasta que en el 2002 se publicó un nuevo estudio, que concluía que la terapia con hormonas aumentaba significativamente el riesgo de cáncer de mama, generando grandes titulares y una ola de pánico entre las usuarias, que aterradas y en masa, dejaron de usarla.

El problema del estudio WHI

Pasados casi 15 años de ese estudio, que se llamó “WHI”, este movimiento pendular histórico creo que ha llegado a un punto medio bastante razonable.

Analizando con calma los resultados de ese trabajo se vio que tenía varias fallas o sesgos:

Todos los medicamentos pueden tener efectos secundarios pero esto no quiere decir que todos se van a presentar en un mismo paciente. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

Habían usado un solo tipo de estrógenos, los conjugados equinos, que hoy en día, (por lo menos en nuestro medio) ya casi no se usan.  

Habían usado un solo tipo de progestágeno y una sola vía de administración, igual para todas las pacientes.

Habían iniciado el trabajo aceptando pacientes menopáusicas de edades y condiciones muy diferentes, la mayoría con bastantes años de menopausia al entrar al seguimiento.  

Finalmente, la prensa había magnificado en sus titulares el riesgo real de la terapia hormonal en relación al cáncer de mama, sabiéndose ahora que el incremento que se obtuvo en ese estudio era de un caso de cáncer de mama por cada mil pacientes que usaban esa terapia hormonal, lo que no tendría necesariamente que ocurrir con otros tipos de tratamiento.  

Qué se sabe hoy

Aunque hay radicales tanto a favor como en contra de la terapia con hormonas en la menopausia, hoy en día va prevaleciendo un criterio más centrado. Según este criterio, deben recibir la terapia aquellas mujeres que la necesiten, ya sea por problemas de bochornos muy intensos, depresión, cefaleas, etc.

Se debe evaluar la historia y condición médica de la paciente así como sus antecedentes familiares antes de iniciar cualquier terapia hormonal. Si se va a usar hormonas, es mejor darlas al inicio de la menopausia.

Se debe individualizar la terapia. Darle a cada paciente lo que ella necesita, tanto en relación al tipo de hormona como a la vía de administración.

Se debe usar las dosis más bajas que sean efectivas durante tiempos que no sean muy largos.

Debemos alentar estilos de vida saludables en las pacientes, así como fomentar chequeos periódicos.  

Con estos lineamientos podemos lograr grandes mejorías en nuestras pacientes, haciendo que tengan una menopausia productiva, con pocas molestias y bajo riesgo.