Para vivir más: menos luz azul en la noche, más luz natural en el día

Expertos recomiendan las "noches oscuras". Vinculan la sobreexposición a la luz LED de los dispositivos electrónicos con trastorno del sueño, obesidad y hasta cáncer.

El exceso de luz artificial y brillante está vinculado a trastornos del sueño y otras enfermedades como la obesidad y diabetes.
El exceso de luz artificial y brillante está vinculado a trastornos del sueño y otras enfermedades como la obesidad y diabetes. | Fuente: RPP Noticias | Fotógrafo: Getty Images

La humanidad está entrando a un estado de "privación de la oscuridad" que enferma. De manera cotidiana estamos exponiéndonos a la luz azul de los dispositivos electrónicos y a esos focos incandescentes, a los que la investigación científica atribuye los trastornos del sueño y relaciona a o otros males como la depresión, la obesidad y hasta el cáncer.

Un artículo, publicado en Medscape, titulado "Is Blue Light Bad for Your Health?" (¿La luz azul es mala para la salud?) compila una serie de estudios en los que se alerta sobre el empleo de las luces LED, que muchas ciudades utilizan en la iluminación de espacios públicos. Advierten la necesidad de una mayor exposición a la luz natural.

"Cuanto más investigaciones hacemos, más pruebas tenemos de que el exceso de luz artificial en la noche puede tener un efecto profundo y deletéreo en muchos aspectos de la salud humana", dice Charles Czeisler, director de medicina del sueño en la Escuela de Medicina de Harvard.

Médicos, investigadores y diseñadores de políticas de salud -según Czeisler- coinciden en que las "noches oscuras" -así como la comida sana, el ejercicio regular y los buenos hábitos de sueño- son un ingrediente clave para una buena salud a largo plazo.

Las personas expuestas a la luz más brillante (LED) por la noche, comen más. | Fuente: RPP Noticias | Fotógrafo: Getty Images

El salto que dimos con la electricidad

Hasta mitad del siglo XVIII, el mundo conocía de antorchas y velas para alumbrarse, apenas caía al sol las poblaciones entraban en un periodo de descanso; pero con la llegada de la electricidad, los días se hicieron más largos por obra de la luz artificial.

Esa nueva dinámica cambió la "fisiología nocturna" del ser humano. Czeisler lo explica así: "Cuando los rayos de luz golpean esas células, le dicen al cerebro que deje de bombear la melatonina inducida por la somnolencia y empiece a hacer hormonas como el cortisol y la ghrelina que nos despiertan y nos dan hambre. Al anochecer, en cambio, los niveles de melatonina aumentan, la temperatura corporal cae, la somnolencia crece y el hambre desaparece. El problema es que, en el mundo moderno, estamos bañados por luces, por lo que nuestra transición a la fisiología nocturna se ha retrasado por horas".

Elmer Huerta, asesor médico de RPP Noticias, destaca que las investigaciones sobre el peligro de la sobreexposición a la luz azul que emiten las tabletas y teléfonos celulares, han determinado un impacto profundo en la retina del ojo, lo cual perjudica la calidad de sueño.

El Programa Nacional de Toxicología de los Estados Unidos en un taller de dos días reportó que la luz artificial de noche, además de causar trastorno del sueño, también está relacionada con el aumento de peso, la depresión, el cáncer y las enfermedades cardíacas.

En junio del 2016, la Asociación Médica Americana también emitió un comunicado en el que alertaba sobre el peligro del alumbrado público con luces LED, pues se incrementa el riesgo de contraer enfermedades crónicas.

Huerta destacó que la NASA ha tomado en serio las alertas y desde octubre del año pasado cambió todas las luces azules de sus estaciones espaciales en el mundo a unos tonos más amarillentos y anaranjados, que se activan cuando cae la noche.

Los expertos recomiendan al menos 3 horas de relativa oscuridad. | Fuente: RPP Noticias | Fotógrafo: Getty Images

Obesidad y cáncer

Un estudio de 2016 realizado por investigadores de la Universidad de Haifa (Israel), basado en imágenes satelitales militares de iluminación nocturna, encontró que los hombres y mujeres que vivían en los lugares más iluminados por la noche también eran los más propensos a ser obesos.

Según la explicación científica, las personas expuestas a la luz más brillante por la noche, comen más y producen menos insulina, por lo que esos alimentos no se transforman en combustible, sino que se quedan en la sangre y se almacenan como grasa.

En cuanto al cáncer -de acuerdo a Mescape- las investigaciones sugieren que la exposición crónica al exceso de luz durante la noche también puede alimentar el cáncer, en parte, por la disminución de los niveles de melatonina -un conocido agente anticáncer- que circula en la sangre.