Stephen Hawking tenía tan desarrollada la inteligencia emocional como la científica

El científico hizo importantes descubrimientos a pesar de sufrir de Esclerosis Lateral Amiotrófica. Su capacidad de resiliencia le ayudó a sobrellevar los problemas.

Stephen Hawking desarrolló la teoría de los agujeros negros y fortaleció las bases de la teoría del Big Bang. Sus investigaciones fueron grandes aportes para estudios posteriores de la ciencia, sin embargo, él no solo tenía desarrollada la inteligencia científica, sino también la emocional.

La inteligencia emocional fue presentada por el investigador Howard Gardner dentro del concepto de las inteligencias múltiples. Es decir, ocho modelos autónomos que no se enfocan en lo cognitivo, sino en habilidades independientes potencialmente activas. Entre ellas se encuentran la inteligencia musical, la naturalista, la cinético corporal, la inter e intrapersonal, la lingüística, la espacial y la lógico matemática o científica. Sin duda, Hawking desarrolló largamente estas últimas.

La psicóloga educacional Laura Pérez afirma que el concepto de la inteligencia científica es considerado anticuado para la psicología moderna, ya que ahora se toma más en cuenta la inteligencia emocional, propuesta del psicólogo estadounidense Daniel Goleman, quien propone incluir como parte de la inteligencia interpersonal a las emociones. A partir del concepto de Goleman, se puede deducir que no importa si un niño no tiene las demás inteligencias, ya que estas pueden cambiar. Pero si el niño posee inteligencia emocional, todo lo demás es variable.

Stephen Hawking tenía la inteligencia emocional muy desarrollada”, comenta Pérez. Agrega que en el cerebro las habilidades se perciben dentro del sistema límbico, grupo de estructuras como el hipotálamo o la amígdala cerebral. “Los personajes que caen en el estereotipo de la eminencia científica tienen mucha inteligencia emocional porque son tranquilos, no hacen daño a los demás, no se lastiman a sí mismos. Viven sin estrés”.

 

Una de las características de un menor con inteligencia emocional es que sabe manejar sus emociones y tiene la capacidad para enfrentar problemas difíciles, a veces en entornos hostiles y sin que eso les afecte o lastime a las personas que lo rodean. Tampoco posee un trastorno emocional. Ve oportunidades en vez de problemas, posibilidades de aprendizaje en vez de fracasos. “Un científico que cae en el cliché de ser una persona cuadriculada también puede tener inteligencia emocional, simplemente no es una persona muy sociable”, opinó la especialista.

Stephen Hawking hizo importantes descubrimientos a pesar de su condición física (sufría de Esclerosis Lateral Amiotrófica), ya que su inteligencia le daba la capacidad de sobrellevar los problemas con resiliencia. Él tenía un gran sentido del humor y era testarudo con los problemas que no podía resolver. Intentaba varias veces algo hasta lograr su objetivo. 

Desde que fue presentada la inteligencia emocional al mundo, esta ha generado una ola de nuevas destrezas. La especialista comenta que los coaching emocionales se enfocan en este modelo.

¿CÓMO SE MIDE LA INTELIGENCIA?

La calificación para un niño promedio en una prueba de Coeficiente Intelectual (CI) es de entre 90 y 110. Se le considera genio cuando alcanza 135 en algunas de las tres pruebas de medición, como las escalas de Wechsler. Estas son: la de preescolar, que es el WPPSI, de 2 a 6 años de edad; la escolar (WISS), de 6 a 17 años, y la de adultos (WAIS), de 17 a 85 años. Se presume Stephen Hawking alcanzó 160 de CI. 

“Entiendo que Stephen Hawking no evidenciaba su CI en el equivalente a la primaria. En la secundaria es cuando recién se evidencia su nivel de creatividad y genialidad”, comenta el psicólogo consultor Milton Rojas.

En los casos de niños con alto Coeficiente Intelectual, se necesitan determinadas estrategias diferenciales porque su nivel de resolución de problemas y capacidad para vencer los obstáculos es sencillo, ya que tienen un nivel alto de resiliencia.

Hawking también se equivocaba, pero nunca se rendía. En 1988, publicó uno de los más importantes best-sellers de ciencia, "Breve historia del tiempo" y posteriormente se retractó sobre la investigación porque "había cometido un error".

“Los niños genios resuelven problemas de matemáticas, química o física con una o dos miradas. En cambio, un niño promedio piensa, razona, eventualmente también soluciona, pero se demora más tiempo”, explica Rojas.

Un joven con coeficiente intelectual de 90 es hábil y creativo, puede armar rápido los rompecabezas, toca perfectamente un instrumento, hablan dos idiomas o empiezan a hablar precozmente.

“Hoy en día con la tecnología es más fácil encontrar un grupo dónde sociabilizar. Por ejemplo, los niños con inteligencia matemática, estereotipados, retraídos, no hábiles socialmente, sin necesidad de un contacto cercano con las personas, se puede encontrar con otros científicos iguales”, recomienda Laura Pérez. Hawking por ejemplo bromeaba a sus compañeros científicos y a ellos le gustaban los chistes. 

El gran reto es estimular la inteligencia emocional de los niños más allá de la cantidad de inteligencias que existan, porque es a partir de ella que un niño se pude sentir cómodo y desarrollarse con los demás.