La terapia psicológica es necesario para la víctima y el agresor

En casos de violencia contra la mujer, las sesiones psicológicas son importantes para revertir conductas de agresión.

Si bien la terapia ayuda a controlar esas actitudes, queda latente para siempre.
Si bien la terapia ayuda a controlar esas actitudes, queda latente para siempre. | Fuente: RPP Noticias | Fotógrafo: Getty Images/ South_agency

La agresión a Micaela de Osma por parte de su pareja Martín Alonso Camino el pasado fin de semana en una calle de Miraflores trajo a la mente de los peruanos historias como las que vivieron Arlette Contreras o Lady Guillén. A junio de 2017, se han registrado 29 feminicidios y 58 tentativas de asesinato en el Perú, de acuerdo con cifras del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP)

Un caso de violencia tiene dos componentes: el agresor y la víctima. Para ambos la terapia psicológica es necesaria, que en el caso de los perpetradores tienen como objetivo reeducarlos. La psicóloga Liliana Tuñoque explica que las sesiones individuales trabajan con el problema de raíz: la agresividad.

“Yo creo que sí pueden cambiar siempre y cuando estén en una terapia psicológica. Básicamente es una terapia individual en la que se trabaja el autocontrol y el afán de violencia”, comenta.

La agresión no solo implica la violencia física, sino también los insultos y ataques psicológicos; su raíz puede tener una carga social, vinculada a conductas aprendidas durante la infancia, además de problemas de personalidad. Si bien la terapia ayuda a controlar esas actitudes, queda latente para siempre.

“Sí se puede curar bajo un tratamiento psicológico, pero no al 100%, porque siempre va a quedar algo en ellos, que está dormido y que en algún momento va a surgir frente a una situación externa, que ‘avale’ o ‘justifique’ esa reacción, pero en el fondo nada justifica una agresión”, agrega Tuñoque.

Para los agresores, la violencia hacia otras personas puede ser algo “normal”. Identificar las señales de alerta en los niños es clave. La baja tolerancia a la frustración es una de las más resaltantes ante futuras actitudes violentas.

“Hay que ver de donde proviene esa agresividad. Lamentablemente en estos casos vienen desde la niñez, desde la infancia. Puede tratarse también de niños que han sido maltratados, que han sido agredidos”, sostiene.

De acuerdo al Observatorio de Criminalidad del Ministerio Público, el 78.3% de los crímenes contra la pareja ocurridos entre los años 2009 y 2015 fueron motivados, principalmente, por los celos.


La especialista comenta que sentimientos de miedo, angustia y culpa retenidos, así como baja autoestima, condicionan a las personas hacia la inseguridad, llevándolas hacia un camino de violencia. 

“La sobreprotección y control excesivo de los padres sobre sus hijos, generan dependencia en ellos y cuando estos se vuelvan adultos buscarán a alguien que parece protector al principio, pero termina siendo solo un abusador más”, finaliza.