¿Existe el trastorno por déficit de atención en el adulto?

Es necesario el tratamiento de esta patología neuropsiquiátrica, para evitar que la personalidad del niño se construya con frustración y rechazo.
El TDA tiene una evolución a lo largo de la vida. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

El trastorno por déficit de atención (TDA) es de lejos la patología neuropsiquiátrica del desarrollo más diagnosticada en la infancia, y se identifica por presentar tres grupos sintomatológicos:

Inatención. Se caracteriza clínicamente por descuido en las tareas escolares, falta de atención en los detalles, falta de atención en los juegos, parece no escuchar cuando le hablan directamente, evitación de las tareas que exigen esfuerzo mental sostenido, etc.

Hiperactividad. Caracterizado por la imposibilidad de estar quieto, salta y corre excesivamente en momentos inapropiados, habla excesivamente, no puede mantenerse tranquilo en actividades de ocio, etc.

Impulsividad. Caracterizado por no poder esperar su turno, se precipita en las respuestas sin dejar terminar al interlocutor, interrumpe, etc.

Debe tomarse en cuenta que no es necesario que el niño presente los tres grupos sintomatológicos, puesto que podrían presentarse niños con TDA con predominio de la inatención (30 %), niños con TDA con predominio de la hiperactividad-impulsividad (10 %) y niños con TDA en los que todos los síntomas se combinan, siendo este tipo el más frecuente (80 %).

Cuando exploramos el género, los estudios muestran que el TDA es más frecuente en niños varones (3/1), mientras que en las niñas es más frecuente encontrar TDA del tipo inatento (2/1). Es importante señalar que, en general, las niñas presentan mayores dificultades intelectuales, una presencia importante de síntomas depresivos y/o de ansiedad, pero menores conductas disruptivas.

TDA en niños. Se calcula que afecta al 5,3 % a nivel mundial, pero cuando los estudios se basan solo en la opinión de los padres esta prevalencia aumenta al 9,5 %. Por mucho tiempo se pensó que esta condición se limitaba solamente a la infancia, pero luego se cambió de opinión al constatar que con el crecimiento, los síntomas no desaparecían, sino que variaban en su predominancia y se añadían nuevos síntomas, de tal forma que el TDA se expresaba diferente en la niñez, versus la adolescencia y a la adultez.

Se constató que con el crecimiento, los síntomas del TDA no desaparecían, sino que variaban en su predominancia y se añadían nuevos síntomas. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

En la actualidad existen evidencias epidemiológicas, clínicas y neurobiológicas que confirman la presencia de esta patología y su continuidad a lo largo de la vida. Se calcula que el 75 % de niños que son diagnosticados con TDA, continúan con el problema en la adolescencia y posteriormente el 50 % en la adultez.

¿Qué síntomas de TDA predominan según la etapa de la vida? En la niñez predominan los síntomas de impulsividad e hiperactividad; de tal forma que el niño se torna inquieto, distraído, con baja tolerancia a la frustración, no completa sus tareas, se muestra terco, irreflexivo, habla en exceso solo los temas que le interesan, presenta dificultades para adecuarse a situaciones cambiantes e inhabilidad social.

En la adolescencia. La hiperactividad e impulsividad tienden a disminuir, predominan las conductas de búsqueda de satisfacción inmediata (Ej. Actividades de riesgo, deportes extremos, abuso de sustancias, etc.), desobediencia, y no aceptan el apoyo de los padres. Es importante aclarar que los adolescentes que han crecido en ambientes estructurados podrían optar por una conducta dedicada y obsesiva en los estudios, mientras que aquellos que crecieron en ambientes desestructurados tendrán conductas desadaptativas que podrían incluso ser delincuenciales.

El riesgo de crecer en ambientes desestructurados podría propiciar conductas desadaptativas que conlleven incluso a actos delincuenciales. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty mages

En el adulto. Predominan la inatención (que se manifestará por la dificultad para organizar actividades), olvidos y pérdida de objetos. A esto se le suma dificultad para iniciar y terminar tareas, procastinación, mal manejo del tiempo, parecen ser desconsiderados, habla en demasía, impertinencia, baja tolerancia a la frustración, irritabilidad y dificultad para la lectura. Además predomina la presencia de otras alteraciones como consumo de sustancias, alcoholismo, ludopatía, etc.

Los adultos con TDA suelen presentar baja tolerancia a la frustración, irritabilidad y dificultad para la lectura. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Getty Images

Como observamos, el TDA tiene una evolución a lo largo de la vida. Definitivamente, una intervención temprana y adecuada, si bien es cierto no solucionará del todo el cuadro, le proporcionará al paciente recursos cognitivos para mejorar la atención, pero, sobre todo, herramientas para el manejo de los afectos y de los procesos de socialización.

La necesidad de tratar al paciente con TDA desde la niñez no urge por el problema de inatención que genera evidentes problemas de rendimiento escolar, sino para evitar que la personalidad del niño se construya con frustración, rechazo, señalamientos, baja autoestima y percepción negativa del futuro. Es la razón por la cual un tratamiento precoz adecuado pasará por un afrontamiento multidisciplinario donde la terapia psicológica, dirigida a la psicoeducación (no solo del niño sino también de la familia) y el abordaje de los afectos será fundamental. Por otro lado, la evaluación de la necesidad del uso de medicación estará en concomitancia con la profundidad del cuadro y sus complicaciones. Es necesario que quienes trabajan esta condición, tengan la experticia para desmitificar los aparentes peligros del uso de estos fármacos.