Sentido del olfato: así evoluciona el reconocimiento de olores en los bebés

¿Desde cuándo sentimos reconoce mi bebé los olores? Es otra de las preguntas más frecuentes en la consulta pediátrica: el gusto es uno de los sentidos que se desarrollan primero en los seres humanos.

Los bebés y el olfato | Fuente: Getty Images | Fotógrafo: hidesy

Para muchos mamíferos el olfato es el más importante de los sentidos, además, puede llegar a ser muy refinado y su vida depende de él. Con el olfato pueden detectar alimentos, depredadores, pareja para reproducirse, y es una forma de comunicación y reconocimiento entre los miembros de la misma especie. Descubren el mundo con el olfato, y sin él, no podrían sobrevivir.

Siempre que salgo a pasear con mi perro, lo observo olfatear absolutamente todo, y me imagino como debe ser el mundo para él a través del olfato. Cómo debe ser su memoria olfatoria, y de qué manera a través de la experiencia puede llegar a percibir e interpretar todo lo que lo rodea. Incluso lo que trae el viento le da información valiosa sobre quien está por venir, o quién estuvo antes que él en el parque.

A través de nuestra existencia, e invadidos por el resto de los sentidos, como la visión y la audición, el ser humano ha ido dejando de lado la olfacción. Muy pocos lo usan como sentido cardinal. Sin embrago, muchas personas cultivan y entrenan su olfacción logrando gran capacidad olfatoria a los largo de los años. Los catadores de vino, de café, chocolateros, cocineros, expertos en perfumes, químicos, algunos médicos, campesinos, agricultores, y seguramente algunos “enamorados”, han aprendido a diferenciar los olores adquiriendo gran capacidad olfatoria, convirtiendo a su olfato en un sentido supremo.

Pues bien, el sentido del olfato aparece desde la vida dentro del útero, encontrándose las células receptoras del olfato en la nariz desde la semana nueve (neuroepitelio olfatorio). A las 11 semanas estas células ya están bien diferenciadas. El bulbo olfatorio en el cerebro (por debajo del lóbulo frontal) está presente desde la semana 18,5, sin embrago, las proteínas responsables de la percepción olfatoria aparecen recién en la semana 22. Es recién en la semana 28 que los fetos (o los prematuros de 28 semanas) empiezan a responder ante los estímulos olfatorios.

Los bebés y el olfato | Fuente: Getty Images | Fotógrafo: JohnnyGreig

Al nacer el sistema olfatorio ya está maduro, y es un factor determinante para el reconocimiento de la madre y por consiguiente, de la lactancia materna. En muchas especies de mamíferos, sería imposible sobrevivir sin olfato al nacer, como lo demuestran estudios en ratones nacidos sin olfato (anosmia: sin capacidad olfatoria), quienes fallecen poco tiempo después al no alcanzar la lactancia.

Varios estudios han demostrado que los recién nacidos reconocen el olor al líquido amniótico, el olor del pecho materno, de la leche materna y el olor propio de la mamá. La dieta materna durante la gestación determina preferencias olfatorias luego del nacimiento, incluso sobre sus preferencias alimentarias cuando empiezan a comer luego de los 6 meses de vida. Quiere decir que durante el último trimestre de gestación, los fetos experimentan la olfacción a través del líquido amniótico, el cual adquiere el sabor y olor dependiente de la dieta materna.

Al nacer, los neonatos son puestos inmediatamente en contacto con su madre, a través del contacto piel a piel sobre el pecho (debería hacerse en todos los nacimientos, siempre que las condiciones clínicas lo permitan), y los bebés seguirán experimentando con estímulos olfatorios propios del cuerpo materno.

Recordemos que al nacer, no es la visión un sentido muy desarrollado, nacemos con muy mala visión y casi nula percepción de colores. Por lo tanto, es el olfato uno de los sentidos que los bebés van a utilizar para el reconocimiento de su madre y de la alimentación.

En conclusión, el olfato está maduro al nacer, es importante para nuestra especie, incluso desde la gestación. Sin embargo, a los largo de los años vamos dejando de lado su uso para darle más importancia al resto de sentidos. Acostumbrémonos a ser un poco más “olfatorios”, usemos más nuestro sentido del olfato. Reconozcámonos de esa manera, aprendamos a distinguir el olor de las frutas, las flores, de nuestros hijos. Disfrutemos del aroma de nuestros alimentos de la misma manera que lo hacemos con el sabor. Hagamos el ejercicio de cubrir nuestros ojos al usar nuestro olfato, y sin darnos cuenta iremos entrenándonos a oler más y mejor.

Uno de los aromas que más vas a añorar a lo largo de tu vida, es el olor a tu madre, estoy seguro que todos los recordaremos incluso al final de nuestras vidas, y nos llevará de vuelta a esos días de pureza y simplicidad, a los días de la infancia. Sin embargo, recordemos que no sólo es madre quien te dio la vida, sino también aquella mujer, u hombre, que te crió, acogió y alimentó, quien te tuvo en sus brazos, te quiso y te guió durante tu infancia y tu vida. Digo esto porque, a pesar de que la lactancia materna es el mejor alimento para tu bebé, hay niños que no la reciben, o madres que por diversas razones están ausentes o no pueden dar de lactar, o bebés prematuros, o enfermos, o niños dados en adopción, o que pierden a sus padres.

Los bebés son increíblemente resilientes y flexibles en sus preferencias olfatorias, y son capaces de adaptarse a cada situación a la que se enfrenten. Poco a poco aprenderán a través del olfato a reconocer y guardar en el rincón más limpio de su memoria el aroma de aquellos que lo cuidaron y llevaron en su regazo.