El herpes zóster, por una varicela de la infancia, tiene nueva vacuna

Cualquier persona que haya tenido varicela está en riesgo. El virus reaparece en adultos mayores y deja secuelas de por vida.

Ampollas que pican y fiebre son los principales síntomas de la varicela, una enfermedad que usualmente ocurre en niños menores de 15 años de edad. Incluso después de haber sanado, el virus permanece en el cuerpo (a nivel de cerebro o médula espinal) y puede causar herpes zóster o 'culebrilla' en adultos mayores.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó una segunda vacuna para prevenir el herpes zóster, mal incapacitante en el 75 % de los casos, por un dolor crónico que puede prolongarse durante muchos años o permanecer el resto de la vida.

"Las vacunas se empiezan a dar a los 50 años de edad. Existía una vacuna que daba una protección del 60 %, no era buena; esta que se acaba de aprobar da una protección del 85 %", señala Elmer Huerta, asesor médico de RPP Noticias.

El virus de la varicela se vuelve a activar y causa de nuevo otra varicela, pero esta vez se localiza en el área donde se quedó viviendo. | Fuente: Getty Images

El herpes zóster o culebrilla es la consecuencia de una varicela de la infancia, es decir, cualquier persona que haya tenido la enfermedad está en riesgo.

"El virus de la varicela se vuelve a activar y causa de nuevo otra varicela, pero esta vez se localiza en el área donde se quedó viviendo. Por ejemplo, el brote puede darse en la frente, cerca del ojo, en la cara; y si se quedó en la médula espinal, el brote sale en el brazo, en el vientre o en el pecho", explica Huerta.

"Los primeros signos de herpes zóster incluyen ardor o dolor punzante y hormigueo o picazón, generalmente en un lado del cuerpo o la cara. El dolor puede ser leve o severo. Las erupciones o ampollas aparecen entre uno y 14 días después. Si la culebrilla aparece en su cara, puede afectar la vista o el oído. El dolor de la culebrilla puede durar semanas, meses o incluso años después de que las ampollas han sanado", indica la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos.

El dolor persistente, que es una secuela de la enfermedad, puede aliviarse con medicamentos. En el caso de una parálisis facial por herpes zóster, el paciente puede recuperarse, aunque es más difícil que con una parálisis común.