Cinco consejos para padres de niños con Síndrome de Down

El 40% de los niños con Síndrome de Down sufre de alguna enfermedad cardiovascular o problemas motores. Es necesario el asesoramiento de un pediatra o un genetista.

Los padres de niños con Síndrome de Down suelen estar desorientados en cuanto a la forma de crianza de sus hijos, ya que esta condición genética implica un cambio en la vida familiar. Una de las principales recomendaciones de los especialistas a los padres es conseguir asesoramiento pediátrico y realizar actividades que estimulen a los pequeños.

Es importante recordar que el Síndrome de Down se trata de una enfermedad, sino de un trastorno genético. Los niños con esta condición deben ser naturalmente incluidos en la sociedad. “Algunos padres ocultan a sus hijos por nacer así, pero eso no está bien”, advierte el pediatra Javier Ferreyros.

 

Según el especialista, es usual que los padres que recién se enteran de la condición de su bebé experimenten ansiedad e incertidumbre y que necesiten resolver dudas, pero básicamente su trabajo se valdrá de la cercanía que tengan con el menor y con los allegados a él: sus profesores, los demás miembros de la familia y sus amigos. 

En el cerebro de un niño con Síndrome de Down hay una disminución oscilante de las neuronas. El nivel de ramificaciones de cada una es bajo, pero a más cantidad de interconexiones entre ellas mayores serán las relaciones que hagan sobre sus conocimientos. Esto hace que ellos deban asistir a colegios con menos alumnos, donde el trato de los profesores les ayude a ser independientes en actividades como hablar, caminar y pedir ayuda en necesidades básicas.

“La característica de alguien nacido con esta condición es que, mientras nosotros tenemos dos cromosomas 21 y ellos tienen 3”, aclara Ferreyros, quien se siente orgulloso de tener a una hermana con Síndrome de Down en su familia.

El 40% de niños con esta condición sufre de alguna cardiopatía congénita. También pueden presentar estrabismo, retinoblastoma, luxaciones de vértebras cerebrales, reacciones leucemoides, leucemia linfoblástica, tiroidismo o hipertiroidismo. Por eso es importante que los padres se aseguren de un crecimiento estabilizado del menor con asesoramiento pediátrico o de un genetista.

 

Según la genetista del Hospital del Niño Berta Gallardo, la estimulación combate el retardo del menor, ya sea leve, moderado o severo. “Retardo decimos cuando un niño no completa sus ítems del desarrollo normal. Es decir, un niño debe caminar máximo al año y seis meses. Debe decir sus palabras máximo al año de edad. Más retardo tendrá mientras menos ítems logre. Por ejemplo, si hacen que el niño camine al año y seis meses, el tipo de trastorno será leve. Por otro lado, si camina a los dos años, será moderado. Todo dependerá de su terapia”, asegura.